
LA PETULANCIA DE LA IGNORANCIA

Por JACA, agosto 2026
En varios momentos oigo hablar de que “la sociedad actual es una sociedad distópica”. A veces en tertulias o en entrevistas a intelectuales “célebres” se le oye hablar de “un mundo ficticio con futuro indeseable, caracterizado por el control total, la opresión y la pérdida de libertad”. Forzando lógicamente a que el pueblo se haga preguntas, pero las reacciones, por lo general son pasivas o no se hacen esos cuestionamientos, porque están aborregados[1] por los medios y las redes, cada día más. Olvidando ese gran paradigma de que mientras “Menos sabes, menos conciencia de lo que no sabes”.
Para calificar a la sociedad actual de “distópica”, caracterizada por “el control total, la opresión y la pérdida de libertad” hay que analizar esta afirmación con precisión histórica y literaria, es imprescindible acudir a los dos grandes modelos de la narrativa distópica del siglo XX: George Orwell[2] (1984, publicado en 1949) y Aldous Huxley[3] (Un mundo feliz, publicado en 1932).
El modelo orwelliano versus el huxleyano
Mientras Orwell imaginó una dominación basada en la vigilancia coercitiva, el dolor y la censura explícita (el Gran Hermano y la Neolengua), Huxley anticipó un sistema donde el sometimiento se logra a través del placer, la sobreinformación vacía y el entretenimiento anestésico. La afirmación de que “consiguen que el pueblo no se haga preguntas” y se “aborregue” se aproxima más a la visión de Huxley. En la era digital, filósofos contemporáneos como Byung-Chul Han[4] (Psicopolítica, 2014) señalan que el control social ya no se ejerce mediante la represión externa, sino mediante el estímulo constante de la hiperatención fragmentada y el consumo de dopamina rápida, lo que diluye la capacidad de reflexión profunda.
La perspectiva de la teoría crítica
Este fenómeno de “aborregamiento” no es nuevo en la sociología. Theodor Adorno[5] y Max Horkheimer[6], en Dialéctica de la Ilustración (1947), introdujeron el concepto de “industria cultural”, argumentando que los medios de comunicación de masas y la producción cultural en serie funcionan como instrumentos de pacificación social que estandarizan el pensamiento y neutralizan la conciencia crítica de los ciudadanos.
La paradoja de la ignorancia: De Sócrates al Efecto Dunning-Kruger
El fragmento formula un principio central: “Menos sabes, menos conciencia de lo que no sabes”. Esta sentencia conecta directamente con una tradición filosófica y psicológica de más de dos milenios.
Recuerdo de mis años universitarios, algunos conceptos filosóficos del “conocimiento y conciencia de la propia ignorancia” y un diagrama que se usaba entonces para explicarle, desde la famosa frase la “Humildad Socrática” del “Solo sé que no se nada”, que refleja la relación entre “mayor sabiduría igual a mayor conciencia de lo desconocido”. O el “Efecto Dunning-Kruger”, que más adelante analizaremos en detalles, de que el grado de conocimiento genera “ilusión de competencia vs sesgo cognitivo”. Reflexionemos sobre ambos conceptos:
La ignorancia socrática: En la Apología de Sócrates de Platón (399 a.C.), el oráculo de Delfos declara a Sócrates como el hombre más sabio de Atenas. Sócrates concluye que esto se debe a que, mientras los demás creen saber lo que no saben, él reconoce su propia ignorancia: “Solo sé que no sé nada”. Para Sócrates, tomar conciencia de las propias limitaciones intelectuales es el primer paso indispensable para la búsqueda de la verdad y la libertad pensamiento.
El sesgo cognoscitivo[7] contemporáneo: En 1999, los psicólogos David Dunning[8] y Justin Kruger[9] formalizaron empíricamente el fenómeno conocido como el Efecto Dunning-Kruger. Su estudio demostró que las personas con menor habilidad o conocimiento en un área determinada tienden a sobreestimar drásticamente su competencia, precisamente porque carecen de las herramientas metacognitivas necesarias para evaluar su propio nivel de ignorancia.
Desde el mismo título de esta reflexión denunciamos a la “petulancia de la ignorancia”, que descrito con rigor este sesgo, sería: “El individuo no instruido no es consciente de sus vacíos y, por tanto, cae presa fácil de la manipulación mediática o dogmática, aceptando relatos simplificados sobre realidades complejas”. Charles Darwin dijo que “la ignorancia engendra confianza de forma más frecuente que el conocimiento” y, por suerte Justin Kruger y David Dunning demostraron que tenía razón. Hipotetizaron y probaron que por una habilidad dada, las personas incompetentes: Tienden a sobrestimar su nivel en dicha habilidad. Fallan al reconocer la habilidad.
Referencias:
[1] https://dle.rae.es/aborregado – adj. Dicho de una persona: Que reúne características atribuidas al borrego, como la mansedumbre o el gregarismo.
[2] Eric Arthur Blair (1903-1950), conocido por su seudónimo de George Orwell, fue un novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India, autor entre otras obras de las novelas distópicas Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949)
[3] Aldous Leonard Huxley (1894-1963) fue un escritor y filósofo británico.
[4] Byung-Chul Han (1959) es un filósofo católico y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín.
[5] Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno (1903-1969) fue un filósofo, crítico musical y sociólogo alemán de origen judío.
[6] Max Horkheimer (1895-1973) fue un filósofo, sociólogo y psicólogo judío alemán, conocido por su trabajo en la denominada teoría crítica como miembro de la Escuela de Fráncfort de investigación social.
[7] Cognoscitivo es un adjetivo que describe todo lo relacionado con el conocimiento, la capacidad de conocer y los procesos mentales para procesar información.
[8] David Alan Dunning (nacido en 1960) es un psicólogo social estadounidense y profesor de psicología en la Universidad de Michigan. Es profesor jubilado de psicología en la Universidad de Cornell.
[9] Justin S. Kruger es un psicólogo social estadounidense y profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. Recibió el Premio Grawemeyer de Psicología en 2023.
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Author: Jorge A. Capote
