Policarpo Soler en la picota (II) @eliadesacosta1

Policarpo Soler en la picota (II) @eliadesacosta1

 El germen gansteril había sido introducido en La Habana por Jaime Mariné, un catalán a las órdenes de Batista, que llegó a Cuba como soldado español, conduciendo un caballo de regalo de Alfonso XIII al entonces presidente Mario García Menocal, y que sagazmente se quedó en la isla tras haber comprendido el filón que era la política cubana.

Para neutralizar los ánimos revolucionarios, predominantes en la única universidad existente en el país, Batista , a través de Mariné, que llegaría a ser el jefe de la Inteligencia Militar, creó el llamado bonche universitario, un grupo gansteril que enfrentaba a los elementos más radicales y no tardó en convertir el alto centro docente en un antro.

Policarpo Soler tuvo en Cuba una larga carrera delincuencial, que incluía asesinatos, prisiones, fugas espectaculares, amparo de influyentes políticos, postulación como representante a la Cámara, admisión como miembro de la Policía Nacional y fuga del país, tras el golpe de estado de Fulgencio batista, que tuvo lugar el 10 de marzo de 1952. Refugiado en Madrid, no tardó en ser contactado por Félix W. Bernardino, a nombre de Trujillo, quien lo puso a sus órdenes, destacándose pronto por sus habilidades como sicario y ejecutor de operaciones encubiertas.

Una de las primeras tareas encomendadas por el dictador, fue apoyar con 50 hombres y aviones dominicanos el golpe de Estado del 27 de junio de 1954 contra el coronel Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala, malquerido por la United Fruit Company, la CIA, el Departamento de Estado y la oligarquía guatemalteca. El éxito de la misión y los contactos establecidos llegaron a abrirle las puertas en Santo Domingo, gozando del favor de Trujillo… hasta un día.

El 1 de enero de 1959, al amanecer, el dictador cubano Fulgencio Batista, derrotado por la revolución, llegó en fuga a República Dominicana acompañado de cinco aviones y 128 de sus cómplices y familiares. Una de sus primeras acciones fue poner a buen recaudo en las bóvedas del Banco de Reservas, y autorizado por Trujillo, parte del botín robado en Cuba, destinando más de un millón de dólares a la manutención de los fugitivos. Como este dinero debía terminar en sus bolsillos, Trujillo ordenó que nadie podía tocarlo sin su venia, y en ningún caso se entregaría en dólares.

El 18 de agosto de 1959 ese dinero fue o intentó ser extraído, de acuerdo a las versiones que circularon. Según unos, fue extraído por Batista, respaldado por Policarpo Soler; según otros, intentó ser extraído por este último, quien reclamó se le entregase la suma en dólares, y no en pesos como estipulaba la ley, a lo que se opuso el gerente de Banreservas, el licenciado Juan Antonio Morales González. En la discusión que se suscitó, Policarpo Soler osó acusar a Trujillo de “…querer cogerse mi dinero”, lo que fue informado por Morales a Virgilio Álvarez Sánchez, secretario de Finanzas, quien de inmediato lo puso en conocimiento de Trujillo.  El sátrapa ordenó a Morales y a Policarpo presentarse ante él, orden que fue de inmediato obedecida.

Recuérdese que junio, julio y agosto de 1959 fueron meses tormentosos para la dictadura, que incluyeron las expediciones antitrujillistas del 14 y 20 de junio por Constanza , Maimón y Estero Hondo; la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, a fines de ese mismo mes; la polémica en la OEA alrededor de los desembarcos, con acusaciones contra los gobiernos de Cuba y Venezuela; el intento de aplastamiento militar de la Revolución cubana mediante la fracasada expedición trujillista y batistiana de la ciudad de Trinidad, a mediados de agosto;  el asesinato, se dice que a manos de Policarpo Soler y en el mismo despacho de Palacio, del secretario de estado de Trabajo, Ramón Marrero Aristy, por sospechas de infidencia y finalmente, el incidente que involucraba a Banreservas.

La fiera, envejecida, paranoica e iracunda, se sentía en sumo peligro por aquellos días, y respondió a dentelladas y zarpazos letales, a todo lo que consideraba un desafío a su inmenso poder.

Lo que sucedió en aquella reunión, y después ,sigue sumido en el misterio y las versiones que han intentado explicarlo son contradictorias. Para unos, en el propio despacho presidencial Trujillo increpó a Morales por haber entregado a Batista, virtual rehén a quien extorsionaba, unos bultos valiosos depositados en las bóvedas del banco, contraviniendo sus órdenes. La respuesta que este le dio, en el sentido de que cuidaba la reputación bancaria de la República, terminó de cegarlo, clavando en su corazón un estilete. La versión oficial indicó que al retirarse de la reunión, Policarpo mató a tiros a Morales y a su chofer y se dio a la fuga en unión de dos sobrinos y un hermano. Era una versión truculenta: la revisión médica del cuerpo de Morales no halló heridas causadas por armas de fuego, sino una casi imperceptible de arma blanca a la altura del corazón.

El periódico El Caribe, del 19 de agosto de 1959, diario propiedad de Trujillo y su vocero oficioso, acusó a Policarpo y sus familiares del crimen e informó que estaban siendo buscados intensamente.

El 23 de agosto terminaba el folletín con el anuncio de que todos los prófugos habían muerto en un intercambio de disparos con las fuerzas del orden en la urbanización Paraíso. Se mostraban fotografías del cuerpo ensangrentado de Policarpo Soler y de su sobrino, Raúl Herrera Soler. Según el comandante Delio Gómez Ochoa, preso en la cárcel de la 40, Policarpo fue ametrallado en su patio, y en su presencia, junto a sus sobrinos.

El mismo miércoles 19 de agosto de 1959, ocho meses después de su primera fuga, Batista protagonizaba la segunda, respaldado por el gobierno del presidente Eisenhower, esta vez con dirección a Lisboa, y luego a la isla de Madeira, donde se refugió.

Murió en Marbella, España, el 6 de agosto de 1973. De alguna manera, su partida tuvo que ver con el destino trágico de Policarpo Soler.

El Karma es implacable.

Eliades Acosta

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